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LUCERO DE MIS RECUERDOS
Abuela de azahar y nardo.
Larga ternura...Sonrisas.
Como aquella de los cuentos,
la más serena y querida.
Un entorno de gorjeos
sostenidos en la brisa
albergaba tu presencia
que adoraba mi alma niña.
Tú me enseñaste a querer
al sol, la naturaleza.
A vibrar frente a las noches
de clara luna y estrellas;
amar a Dios, al hermano,
el perdón, sanos consejos;
a compartir y oraciones
que he guardado en mi recuerdo...
Y me enseñaste a adorar
la lluvia sobre las siembras...
Recogerme junto al leño
meditando, en la tormenta...
Tú me mostraste que es ley
amar el lar y estrecharse
en un nudo apretadito
en la alegría o los males.
Abuela de azahar y nardo:
Voy tornando a tus gavillas...
Manos ubicuas, pan tibio.
Sol dorado en tus espigas...
Abuela de azahar y nardo:
Lejano y musical verbo...
¿Qué ángel signó tu vida
sembradora de lo bueno?
¿Qué ángel nimbó las tardes
en que tú nos esperabas
con calidez sin igual...?
(En tus manos tibia lana.)
...Tardes malvas del otoño
al regreso de la escuela
cuando cariñosamente
preparabas mi merienda...
Tardes frías del invierno
junto al hogar –fuego y canto-
jugando con mis muñecas
o escuchando tus relatos...
Abuela de azahar y nardo
que peinaba mis cabellos...
La más querida y más dulce,
Como aquella de los cuentos...
Abuela de azahar y nardo:
hoy en mi voz tiembla el verso
para decirte cantando:
¡lucero de mis recuerdos!
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